Seguridad Alimentaria: Alimentos Orgánicos vs Alimentos Transgénicos. (2a. parte)

Por Daniel López Velarde

La semana pasada, discutíamos la importancia de proveer de alimentos a un país y explicamos un poco de los Alimentos Orgánicos, los cuales son una de las opciones para asegurar la producción de cosechas  a nivel mundial. En esta ocasión hablaremos de los alimentos transgénicos, otra de las tendencias en los sistemas de producción agrícola para responder a las necesidades.

Para empezar, tenemos que definir lo que es un alimento transgénico. Los alimentos transgénicos son productos creado artificialmente con una técnica que permite insertar a una planta o a un animal genes de virus, bacterias, vegetales, animales e incluso de humanos, creando un organismo completamente nuevo.

De acuerdo a un documento publicado por la FAO, las plantas transgénicas han sido aceptadas por agricultores debido a que son mayoritariamente resistentes a herbicidas, y se venden formando parte de un “paquete de tecnología” que incluye la semilla transgénica y el herbicida al que es resistente. El objetivo de las plantas transgénicas es reducir el uso de diferentes herbicidas, por lo que las empresas ofrecen a los agricultores la opción de usar potentes aplicaciones de sólo un  herbicida, en lugar de la práctica normal que requiere una serie de aplicaciones de varios compuestos diferentes.

En una nota de Agronoticias, se relatan otras ventajas para aquel que los siembra, ya que como comentábamos pueden reducir gastos en pesticidas, las cosechas crecen más rápido y en mayor cantidad, o incluso puede existir una mejora en el sabor, tamaño o calidad del producto, el cual es un beneficio para los consumidores.

No obstante, los principales opositores al uso de Transgénicos en las productos alimenticios aseguran que el verdadero objetivo de la biotecnología aplicada a la agricultura es controlar la producción de alimentos, a fin de lograr mayores ganancias para las empresas que desarrollan este tipo de organismos, sin mencionar los temores relacionados a la salud del consumidor y al bienestar ambiental, así como la problemática que surge de no informar al consumidor si un producto contiene o no elementos transgénicos.

En el caso del maíz mexicano, las empresas transnacionales han insistido en introducir variedades de maíz transgénico al territorio nacional; sin embargo, siendo México la cuna del maíz, científicos, agricultores y organizaciones no gubernamentales han demostrado la preocupación de proteger la enorme diversidad genética mexicana de este cultivo, producto de miles de años de selección por parte comunidades indígenas, convirtiéndolo así en un tipo de patrimonio de la humanidad. Esto debido a que países donde se ha autorizado el cultivo de maíz transgénico, se ha demostrado su imposible coexistencia con variedades convencionales, ya que los cultivos transgénicos son capaces de reproducirse formando cosechas híbridas,  teniendo como consecuencia la pérdida de diversidad agrícola.

Con respecto a este tema,  La Jornada publicó declaraciones de José Sarukhán Kermez, coordinador de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), donde afirma que el uso de transgénicos para incrementar la producción de granos básicos como el maíz “no representan ninguna ventaja, al ofrecer sólo un kilo más por hectárea que las semillas tradicionales”. Esto durante su participación en el Coloquio sobre Seguridad Alimentaria, Biodiversidad y Cambio Climático, convocado por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM).

A su vez, Sarukhán advirtió sobre el impacto ambiental del actual modelo de producción agrícola ilimitado que se lleva a cabo a nivel mundial, el cual genera un acelerado deterioro de la biodiversidad y sus ecosistemas, por lo que la búsqueda de soluciones a la Seguridad Alimentaria del país, no debe provenir de intereses económicos de las empresas transnacionales, sino que se requiere de un cambio en el modelo de consumo alimenticio global.

Por su parte, Beatriz Xoconostle Cázares, investigadora del Departamento de Biotecnología del Centro de Investigaciones y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (IPN), expuso la otra parte de los transgénicos, poniendo como caso de estudio a las sequías y las heladas que azotaron al norte del país recientemente, dando como resultado la escasez de alimentos para las poblaciones más vulnerables, situación en la cual el maíz transgénico con el que ellos cuentan podría ser útil para las comunidades indígenas de la Sierra Tarahumara, ya que este es resistente a las sequías.

Cómo podemos observar, garantizar la Seguridad Alimentaria del país, como la mayoría de temas de índole sustentable, involucran sistemas económicos, medio ambientales y sociales complejos, por lo que no nos conformemos con la información presentada en esta entrada, los invitamos a seguir informándose con gente experta en estas problemáticas, para poder llegar a nuestras propias conclusiones y definir una mejor postura con respecto al tema.

Para finalizar, los dejamos con un link a la Guía de Transgénicos y Consumo Responsable elaborada por Greenpeace México, donde se enlistan los principales productos alimenticios mexicanos que contienen transgénicos y aquellos libres de estos, incluidos panes, lácteos, botanas y bebidas entre otros, lo cual nos sirve como herramienta práctica para poder ejercer nuestro libre derecho a elegir lo que creamos sea la mejor opción en alimentos.

Seguridad Alimentaria: Alimentos Orgánicos vs Alimentos Transgénicos. (1a. parte)

Por Daniel López Velarde

A principios del presente año, la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesa y Alimentación, mejor conocida como la SAGARPA, reportaba un Índice de Seguridad Alimentaria en México de 92.8 puntos en 2011, previendo que para el final de este año aumentará a 96. Este índice mide la dependencia o independencia alimentaria del país al conocer la producción nacional de los alimentos, las exportaciones globales y las importaciones realizadas de los mismos para poder proveer a sus habitantes con la cantidad suficiente de alimentos que la población demanda.

Sin embargo, antes de continuar, es necesario que definamos el término de Seguridad Alimentaria para que entendamos mejor de lo que estamos hablando. De acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Seguridad Alimentaria consiste en la capacidad de producir alimentos y garantizar que las personas cuenten con el acceso físico y económico a una cantidad suficiente de los mismos para subsistir. Por lo que para lograrlo, los gobiernos deben trabajar en conjunto con los diferentes sectores involucrados, como lo son: los agricultores, los pescadores, los silvicultores, las comunidades indígenas, los “retailers”  y todos los demás grupos que intervienen en el sector alimentario.

Ahora, regresando al Índice antes mencionado, México y otros países de América Latina presentan una situación particular que ha sido analizada en recurridas veces por expertos en el tema, ya que a pesar de que nuestro país es una de las economías emergentes del mundo, a la fecha hay sectores de la población que no tienen acceso a estos alimentos, por lo cual México aún presenta vulnerabilidad alimentaria, especialmente por la dependencia que actualmente tiene con los Estados Unidos de Norteamérica para importar alimentos de la canasta básica como el maíz, la disminución de la mano de obra en el campo y por la falta de generación de políticas públicas que incentiven la productividad y la sustentabilidad de los sectores agropecuario y pesquero mexicano.

Para poder promover la Seguridad Alimentaria de los países, algunos expertos proponen dos tendencias en los sistemas agrícolas, la producción de Alimentos Orgánicos Locales y los Alimentos Transgénicos, cada uno de estos tienen sus pros y contras, por lo que en esta primera parte nos enfocaremos únicamente en la Agricultura Orgánica para después compararla con los Alimentos Transgénicos y que el lector llegue a sus propias conclusiones.

La Agricultura Orgánica está definida por la FAO, como un sistema que toma en cuenta las posibles repercusiones ambientales y sociales al eliminar la utilización de insumos externos, como lo son los fertilizantes y plaguicidas sintéticos, medicamentos veterinarios, semillas y especies modificadas genéticamente, conservadores, aditivos e irradiación. En su lugar, la agricultura orgánica utiliza otro tipo de prácticas conocidas como “Enriquecimiento de Suelo”, que mantienen e incrementan la fertilidad de la tierra y evitan la propagación de plagas y enfermedades.

Entre estos métodos se encuentran la rotación de cultivos y la siembra de cultivos mixtos, el uso de fertilizantes orgánicos y la labranza mínima. Además de las ventajas mencionadas, este tipo de prácticas presentan múltiples beneficios ambientales a mediano y largo plazo, ya que este tipo de agricultura ayuda a combatir la erosión del suelo mediante una correcta circulación de nutrientes, lo cual a su vez reduce el peligro de contaminar el agua subterránea, al mismo tiempo que contribuye a mitigar el calentamiento global mediante la capacidad incrementada de retener el carbono en el suelo.

En muchos países, especialmente de la Unión Europea y Estados Unidos, existen incentivos fiscales, apoyos para la obtención de créditos e incluso ayudas económicas en forma de pagos para los agricultores que deseen adoptar los métodos de Agricultura Orgánica, ya que la adopción de estos sistemas lleva cierto tiempo en lo que se restablece la actividad biológica de los ecosistemas agrícolas. Sin embargo, una vez que los suelos se restauran de los insumos externos, la tasa productiva de cosechas aumenta.

En este sentido, la agricultura orgánica permite aumentar la producción de alimentos en las zonas marginadas, mediante una adecuada gestión de sus recursos locales, lo cual permitiría garantizar la seguridad alimentaria local e incluso una mejora económica de las comunidades agrícolas, gracias a un incremento en sus ingresos; no obstante, este tipo de agricultura también tiene sus desventajas, ya que de acuerdo a la FAO, en los países industrializados los agricultores orgánicos no pueden producir la cantidad de alimentos necesaria para cubrir al total de la población, por lo cual este tipo de agricultura no puede garantizar la seguridad alimentaria a todos los habitantes de las grandes metrópolis.

Hasta el momento hemos hablado de la Seguridad Alimentaria y hemos explicado un poco de lo que son los Alimentos Orgánicos como un sistema para asegurar la producción de cosechas a nivel mundial. En la siguiente entrada hablaremos de los Alimentos Transgénicos, otra de las tendencias en los sistemas de producción agrícola para responder a las necesidades alimentarias de todos los habitantes de nuestro planeta.

¿En coche, en autobús, o a pie?

Según especialistas del Instituto Mexicano del Seguro Social, existe un nuevo problema de salud pública del cual todos podemos ser presa fácil, y no estoy hablando de un nuevo virus de la influenza, estoy hablando de los “Workilometers”. ¿Cómo saber si padezco este problema? Es sencillo, si manejas más de 3 horas de ida y vuelta de tu casa a tu trabajo, eres un “Workilometer” y eres propenso a desencadenar enfermedades con síntomas físicos.

Uno de los mayores problemas que tienen las grandes ciudades del mundo es la congestión vehicular que se presenta diariamente en las principales calles y avenidas de las metrópolis. Los impactos no sólo son de tipo social, sino que abarcan también cuestiones económicas y ambientales.

De acuerdo a datos publicados en El Universal en línea, expertos señalan que el estrés adquirido al transportarse de un lugar a otro tiene impactos sobre la productividad de las personas, representando pérdidas de alrededor de 1.95% del PIB del país, por lo que una persona que maneja alrededor de tres a cuatro horas al día presenta un mayor riesgo de presentar baja productividad laboral,

Este tiempo mal invertido en transportarse de un lugar a otro también reduce la calidad de vida de las personas al disminuir el tiempo libre que podrían utilizar para realizar actividades de recreación o inclusive para dormir, al mismo tiempo que presenta un impacto ambiental asociado a la quema de hidrocarburos que los automóviles utilizan para funcionar.

Un estudio realizado por IBM sobre las 20 ciudades con más tráfico del mundo, revela que la Ciudad de México es la metrópolis peor calificada por sus residentes. Algunos de los aspectos y puntos de vista evaluados fueron los tiempos de traslado de un lugar a otro, el tiempo perdido a causa del tráfico, así como la percepción sobre el aumento o disminución de tráfico vehicular en la ciudad, entre otras cosas. El estudio cataloga a cada ciudad de acuerdo a la cuota emocional y económica que representa para los automovilistas.

Las preguntas aquí serían, ¿qué están haciendo los gobiernos estatales y municipales para mejorar la movilidad de los habitantes de estas ciudades?, ¿y qué estamos haciendo nosotros, los ciudadanos, para mejorar nuestra calidad de vida y disminuir el impacto ambiental de nuestro transporte?

Para contrarrestar las emisiones de fuentes vehiculares, en el Distrito Federal se lanzó el Plan Verde que contiene las estrategias y acciones para encaminar a la Ciudad de México hacia la sustentabilidad de su desarrollo, permitiendo que continúe siendo un espacio adecuado para sus habitantes, sin comprometer el patrimonio natural que la hace viable.

Este plan tiene como uno de sus ejes temáticos, la movilidad de la Ciudad de México, cuyo objetivo es recuperar las vialidades para promover un transporte colectivo eficiente, menos contaminante y de calidad, al mismo tiempo que fomenta el traslado mediante el uso de sistemas no motorizados en los capitalinos.

Esto último se ha logrado mediante la implementación del programa Ecobici, el cual se implementó en algunas colonias del centro de la capital para que los usuarios pudieran utilizar bicicletas para transportarse de un punto a otro de la ciudad; el proyecto ya se encuentra en su segundo año y se espera crezca este año en un 300 por ciento, al ampliar su cobertura a las colonias Polanco, Anzures y San Rafael.

Dentro del punto de transporte colectivo eficiente, se encuentran el Sistema de Metrobús, que lleva cuatro corredores establecidos y espera iniciar la construcción de la quinta línea para finales del 2012, la línea 12 del metro que conecta a Mixcoac con Tláhuac, y la remodelación de la flota vehicular con autobuses ecológicos en algunos corredores de la ciudad.

Sin embargo, no sólo se trata de construir y mejorar las vialidades de la ciudad, se trata de que nosotros como ciudadanos nos comprometamos con el uso de estos sistemas de transporte. Además de los beneficios en cuestión de calidad de vida y salud física que conllevan, el uso de estos sistemas de transporte colectivo o no motorizados puede representar para nosotros grandes ahorros económicos.