Economía Verde como clave para el desarrollo

Por Talia Contreras

En entradas anteriores hemos hecho referencia al término “economía verde” y hemos comentado algunos de los planteamientos en torno a éste. En esta ocasión profundizaremos sobre la importancia que este tema ha adquirido como una estrategia para lograr el desarrollo.

¿Qué es?

Si bien no existe una definición globalmente aceptada sobre economía verde, varios organismos internacionales han definido marcos conceptuales y parámetros en torno a su significado así como indicadores para medir el impacto de estas medidas.

El Programa de Naciones Unidas para Medio Ambiente (PNUMA) en su informe “Economía verde: Guía para el desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza” plantea a la economía verde como un catalizador para el crecimiento económico y para la erradicación de la pobreza. En términos generales, el PNUMA define la economía verde como aquella que “mejora el bienestar humano y la equidad social, reduciendo significativamente los riesgos ambientales y la escasez ecológica”.[i] Por su parte, la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) define el crecimiento verde como aquel que busca “fomentar el crecimiento y el desarrollo económico y al mismo tiempo, asegurar que bienes naturales continúen proporcionando los recursos y los servicios ambientales de los cuales depende nuestro bienestar”.[ii]

¿Por qué?

Ambos organismos internacionales consideran que las crisis globales, como el cambio climático, la crisis de los combustibles y sus efectos en los precios de los alimentos, la crisis del agua y la biodiversidad, propician una oportunidad única para reconsiderar los modelos tradicionales de crecimiento.

Hoy existen presiones insostenibles sobre los recursos naturales debido a la escases de los mismos y a la creciente demanda. Aquí presentamos algunos datos clave:

– La demanda de recursos naturales se ha duplicado desde 1966 y creció más del 40% entre 1992 y 2005.

– El 60% de los servicios en los ecosistemas está degradado.[iii]

– El 80% de las pesquerías está sobre explotado mientras el 40% de los bosques se han perdido en los últimos 100 años.

– Para 2030 solamente el 60% de la demanda mundial de agua podrá ser satisfecha.[iv] De hecho, hoy en día 2,700 millones de personas experimentan escasez severa de agua durante al menos un mes al año.

– Para 2050, las emisiones de gases de efecto invernadero crecerán 50%.[v]

Hoy la vida de entre el 60% y el 70% de la población actual depende de manera directa del medio ambiente. Un estudio reciente indica que actualmente utilizamos un 50% más de recursos de los que la Tierra puede proveer y de seguir así para 2030 requeriremos el equivalente a dos planetas para satisfacer nuestras demandas anuales.[vi]

Aunado a esto, los análisis de los organismos internacionales señalan que los costos de la inacción son potencialmente mayores a los costos actuales asociados a la reconversión económica hacia una economía verde.

Efectos en desarrollo

La economía verde enfatiza el hecho de que no existe un dilema entre progreso económico y desarrollo sostenible, sino un gran potencial para lograr las metas medioambientales y al mismo tiempo restaurar el crecimiento económico mientras que se atienden otros desafíos como la pobreza, incluso a una mayor velocidad.

Por ejemplo, en el informe del PNUMA antes mencionado los expertos concluyen que la reasignación del 2% del PIB mundial en sectores clave mejorará, en el largo plazo, el rendimiento económico e incrementará la riqueza mundial.[vii]  Ello debido a que las políticas de crecimiento verde buscan impulsar la inversión y el empleo para generar nuevas fuentes de crecimiento económico al estimular la demanda de tecnologías, productos y servicios verdes y abrir nuevos mercados verdes. Por ejemplo, el estudio plantea que cambiar a una agricultura sustentable podría incrementar el empleo global hasta un 4% en la próxima década. La expansión de las energías limpias e inversiones en eficiencia energética podría generar un incremento del 20% de empleo para 2050.[viii]

Asimismo, se esperan impactos positivos en la reducción de pobreza en tanto varios de los sectores identificados como potenciales en la economía verde son particularmente importantes para la población de bajos ingresos, como la agricultura, la silvicultura, la pesca y la gestión del agua. Por ejemplo, en el área de los servicios de los ecosistemas existe un gran potencial pues ésta representa entre el 47% y el 90% del denominado “PIB de los pobres”.

Impulso internacional

Varios países ya han comenzado a adoptar políticas y programas encaminadas a impulsar la transición hacia modelos de economía verde. Corea del Sur adoptó en 2009 una Estrategia Nacional de Crecimiento Verde que establece instrumentos legislativos y metas muy concretas en sectores clave, previendo inversiones de US$ 36 mil millones (3% del PIB) para crear 960,000 nuevos empleos. Otro ejemplo importante es el duodécimo Plan Quinquenal de China el cual prevee una inversión global de US$ 468 mil millones en sectores verdes y en el desarrollo de nuevas tecnologías bajas en carbono.

También el tema ha generado gran interés en foros internacionales como Río+20 Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo Sostenible, y el G20 donde se ha adoptado este tema como uno de sus ejes centrales. Sobre este último punto, profundizaremos en nuestra siguiente entrada.

Críticas

Varias organizaciones e incluso países se han manifestado en contra del concepto de economía verde. Por un lado, algunos argumentan que este enfoque no es distinto al de desarrollo sostenible pues los objetivos son los mismos.[ix] Algunos otros argumentan que valorar el capital natural como factor de la producción, como lo plantean el PNUMA y la OCDE, puede volverse una forma de privatización de los recursos naturales a favor de los países desarrollados.[x] También se argumenta que la transición hacia formas más ecológicas y sectores que generan menos emisiones generará impactos negativos como la pérdida de empleos en los sectores que no son tradicionalmente verdes.

Crecimiento balanceado y sostenible

Como es evidente la discusión sobre la economía verde es un tema muy amplio. La evidencia demuestra que los modelos de producción y consumo actuales son insostenibles y es necesario tomar medidas urgentes no solo para revertir los daños al medio ambiente sino para asegurar nuestra propia subsistencia. Desde una perspectiva general, la economía verde puede representar una visión renovada de la política ambiental y la económica. Sin embargo, es necesario establecer los incentivos correctos que permitan en el largo plazo alcanzar un crecimiento balanceado y sostenible tanto en términos ambientales como en términos sociales.

En nuestras próximas entradas continuaremos reflexionando sobre las diferentes perspectivas de la economía verde y sobre temas más específicos, en particular, aquellos temas relevantes para México. También los invitamos a participar en la Cumbre Negocios Verdes el próximo 19, 20 y 21 de septiembre, donde el tema del evento será “Economía y Crecimiento Verde: los retos para México”.


[i] UNEP (2012). What is the “Green Economy? Recuperado de http://www.unep.org/greeneconomy/AboutGEI/WhatisGEI/tabid/29784/Default.aspx

[ii] OECD (2011). Towards Green Growth Spanish Summary. Recuperado de   http://www.oecd.org/dataoecd/41/48/47984502.pdf

[iii] UNEP (2011). Towards a Green Economy: Pathways to Sustainable Development and Poverty Eradication. Recuperado de www.unep.org/greeneconomy

[iv] McKinsey and Company (2009). “Charting our Water Future: Economic Frameworks to Inform Decision Making.” 2030 Water Resources Group, Munich. Recuperado de http://www.mckinsey.com/App_Media/Reports/Water/Charting_Our_Water_Future_Exec%20Summary_001.pdf

[v]  OECD (2012). Environmental Outlook to 2050: The Consequences of Inaction. Recuperado de http://www.oecd.org/environment/environmentalindicatorsmodellingandoutlooks/49884278.pdf

[vi] WWF (2012). Planeta Vivo. Informe 2012. Biodiversidad, biocapacidad y propuestas de future. Recuperado de http://www.wwf.org.mx/wwfmex/planeta-vivo.php

[vii] Los sectores incluidos son la energía, la agricultura, la pesca, la silvicultura, el turismo, la industria, la construcción, el transporte y la gestión de residuos.

[viii] UNEP (2011). Towards a Green Economy: Pathways to Sustainable Development and Poverty Eradication. Recuperado de www.unep.org/greeneconomy

[ix] Barbara Unmüßig (2012). The Green Economy –The New Magic Bullet? Recuperado de http://www.boell.org/downloads/Unmuessig_Green_Economy_Magic_Bullet.pdf

[x] Cumbre de Los Pueblos. Declaración final de la Cumbre de los Pueblos en la Río+20. Recuperado de http://rio20.net/propuestas/declaracion-final-de-la-cumbre-de-los-pueblos-en-la-rio20

Londres 2012, las Olimpiadas más verdes

Cada cuatro años desde 1896, se celebran los Juegos Olímpicos, también llamados Olimpiadas, donde deportistas de todo el mundo compiten en diferentes disciplinas, demostrando su esfuerzo y disciplina para convertirse en uno de los mejores atletas de su deporte. Y como bien sabemos, la semana pasada este evento deportivo dio inicio al encender la llama olímpica en la ciudad de Londres, como símbolo de la inauguración de la XXX edición de dichos juegos.

Lo que algunos quizá no sabían, es que estas Olimpiadas fueron anunciadas como los juegos más ecológicos en la historia de estas competencias. Tan es así, que  en enero del 2007 se creó la Comisión por un Londres Sostenible 2012, un organismo independiente que tiene como misión proveer al Comité Organizador de comentarios y estudios que permitan alcanzar los objetivos planteados en cuestión de Sostenibilidad.

Para lograrlo, el comité organizador del evento lanzó hace cinco años la Estrategia de Desarrollo Sostenible de los Juegos Olímpicos, con cinco líneas clave para lograrlo: Cambio Climático, Desechos, Biodiversidad y Ecología, Inclusión y Estilo de Vida Saludable. A su vez y de manera transversal, se desarrolló el complejo olímpico, tocando objetivos como agua, transporte y movilidad, materiales de construcción y empleo, entre otros.

Esto debido a que se ganó la sede al plantearlo como una idea a largo plazo, en donde dicho evento sería el catalizador para desarrollar complejos urbanos sostenibles en la Gran Bretaña, al rescatar una de las áreas más contaminadas de Londres y proveer de la infraestructura necesaria a los londinenses para tener un estilo de vida más saludable, mediante la práctica del deporte y el respeto a los ecosistemas.

Para lograrlo, fue necesaria la participación de diferentes stakeholders como son gobierno, ONG’s e iniciativa privada. Como es el caso de Coca-Cola, que instaló 260 botes de reciclaje alrededor dle centro de Londres, con el fin de reciclar 11, 000 toneladas de desechos diarios durante y después de los juegos.

No obstante, desde el año pasado se han hecho críticas severas a la estrategia de sostenibilidad planteada, como es el caso del artículo publicado por la BBC, donde argumenta varias de las propuestas que presentaron al comité olímpico cuando se disputaban la sede no fueron cumplidas, como es el caso de la turbina eólica que produciría 20% de la energía eléctrica, o la idea planteada de que serían los primeros juegos con cero emisiones de dióxido de carbono.

Este último escenario fue imposible de realizar, ya que para lograrlo es necesario hacer un inventario de todas las acciones generadoras de gases de efecto invernadero, desde la construcción de los edificios, hasta el transporte de comida, deportistas y espectadores a las instalaciones, cosa que para un evento de dicha magnitud nunca se ha realizado por la complejidad del cálculo; por lo que se optó por un plan de mitigación de impactos ambientales con metas más realizables.

Como conclusión, lo único que podemos decir es que hasta el momento se pueden encontrar los reportes parciales y de avances que la comisión fue generando durante las etapas de construcción y planeación del evento con buenos resultados; sin embargo, habrá que esperar a la publicación del reporte final en Marzo del 2013, para conocer si los objetivos planteados al inicio fueron alcanzados, y si en efecto estas han sido las Olimpiadas más Sustentables que el hombre haya realizado, lo cual servirá como ejemplo para el desarrollo de los futuros eventos deportivos y sociales.

Economía verde y energía

Por Anna Heldorf

Como ya habíamos platicado en este blog, el concepto de economía verde surgió a partir de la necesidad de reconciliar dos imperativos: el imperativo de enfrentarse colectivamente a los crecientes problemas del medio ambiente, y por el otro lado, el imperativo (y lo que muchos países en vías de desarrollo consideran un derecho y una necesidad) de desarrollo económico continuo.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente explica que “el enverdecimiento de las economías no es generalmente un lastre para el crecimiento, sino más bien un nuevo motor de crecimiento; es un generador neto de empleos decentes, y también es una estrategia fundamental para la eliminación de la pobreza persistente”.[1]

Pero ¿cómo entra la energía en este esquema? Como hemos mencionado, el concepto de una economía verde implica tres elementos claves: una economía baja en carbono, un uso eficiente de los recursos y un modelo socialmente inclusivo. La energía, de hecho, forma parte integral de una economía verde, cruzando todos estos ejes.

Quizá la relación entre energía y una economía baja en carbono es la más clara. La nueva generación de energías renovables, limpias, y alternativas, es frecuentemente percibida como la gran solución para mitigar las crisis, económica y de recursos, que enfrentamos. Entre las tecnologías de energía solar, eólica, hídrica, biomasa, biodiesel, etanol, etc., ya existe el conocimiento y la tecnología suficiente para generar las reducciones en emisiones de gases efecto invernadero (GEI) necesarias para acercarnos a las metas establecidas en los varios acuerdos internacionales (especialmente bajo el marco de la Conferencia Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático), regionales y nacionales.

También, la eficiencia energética ha recibido creciente atención como una táctica importante para la reducción de emisiones de GEI. Al igual que el uso de energías renovables, la eficiencia en el uso de los recursos energéticos implica una disminución de otros impactos ambientales muy graves, como daños a los ecosistemas causados por aguas residuales y otros residuos industriales, los riesgos involucrados en las medidas de inspección y perforación en busca de petróleo que son cada vez más peligrosas, etc.

Quizá el elemento de inclusión social parece el menos relacionado con el tema de energía, pero en realidad la energía juega un papel importantísimo en el desarrollo humano. El acceso a formas modernas de energía es uno de los fundamentos del desarrollo humano, social y económico. En reconocimiento a la importancia de la energía para el desarrollo de las personas, las Naciones Unidas declararon el 2012 como el Año Internacional de la Energía Sostenible para Todos y lo ven como una “oportunidad para profundizar la toma de conciencia sobre la importancia de incrementar el acceso sostenible a la energía, la eficiencia energética y la energía renovable en el ámbito local, nacional, regional e internacional”.[2]

Para Naciones Unidas la falta de acceso a energía constituye un obstáculo importante para el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, para reducir la pobreza, mejorar la salud de mujeres y niños, o la ampliación del alcance de la educación.

Varios países comienzan a tomar conciencia de estos retos. Por ejemplo, el programa del gobierno federal de Brasil “Luz para todos” ha proporcionado electricidad a millones de viviendas en áreas aislados, primariamente en la Amazona por media de celdas fotovoltaicas individuales. Este acceso al servicio de electricidad permite una mejor integración de comunidades aisladas, mejores estándares de vida y contribuye a prevenir la exclusión social (Giannini Pereira et al, 2011).

El gobierno mexicano, por su parte, ha tomado pasos importantes para promover el desarrollo de energías renovables y limpias en México, a través de la apertura de la producción de energía al sector privado para algunos fines (incluyendo auto-abastecimiento, co-generación, producción a pequeña escala, exportación etc.). Igualmente, se han implementado esquemas en materia de eficiencia energética, a través de la Secretaría de Energía y su Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía. Por ejemplo el programa “Luz Sustentable permite a los ciudadanos intercambiar sus focos incandescentes por lámparas ahorradoras de energía. También, cabe destacar que México es uno de los únicos dos países en vías de desarrollo que tiene una ley sobre cambio climático firmada el pasado 5 de junio del 2012. Sin embargo, es imperativo ampliar estas iniciativas para promover una mayor participación de las energías renovables en la matriz energética del país y la mejora necesaria de eficiencia energética.

Por más información sobre todo lo que tiene que ver con energía en el contexto de economía verde, les invitamos a participar en nuestra iniciativa Cumbre Negocios Verdes, el próximo 19,20 y 21 de septiembre, donde podrán escuchar conferencias sobre temas como tecnologías para la eficiencia energética, reformas energéticas, energías renovables etc.

Referencia:

Giannini Pereira, M., Farias Camacho, C., Vasconcelos Freitas, M.A., & Fidelis da Silva, N. (2011). The renewable energy market in Brazil: Current status and potential. Renewable and Sustainable Energy Reviews, 16, 3786-3802.

Aunque no la pagues, ¡apágala!

Por Daniel López Velarde

¿Cuántas veces nos ha llegado el recibo de luz demasiado alto y pensamos: “definitivamente debo ahorrar energía, ¡esto está muy caro!”? Acto seguido, buscamos disminuir nuestro consumo, vamos corriendo por todo nuestro hogar apagando las luces desesperada y locamente mientras desenchufamos todos los aparatos de la casa. ¿Pero qué pasa en las oficinas? ¿También nos preocupa la cantidad de equipos de cómputo, fotocopiadores y cafeteras que están prendidas todo el tiempo? ¿O cómo nosotros no pagamos esa cantidad de energía consumida, no nos preocupa?

Recordemos que sin importar donde se consuma, la generación de luz en México se realiza en su mayoría por la quema de combustibles fósiles, los cuales emiten una gran cantidad de gases de efecto invernadero. Es por ello, que es necesario moderar nuestro consumo de electricidad, o lo que llamamos ser más eficientes. Pero, ¿cómo definimos en México la eficiencia energética?

De acuerdo a la Ley para el Aprovechamiento Sustentable de la Energía, se entiende por eficiencia energética a todas las acciones que conlleven a una reducción económicamente viable de la cantidad de energía necesaria para  satisfacer las necesidades energéticas de los servicios y bienes que requiere la sociedad, asegurando una disminución de los impactos ambientales negativos derivados de la generación, distribución y consumo de energía.

Ser eficientes energéticamente en nuestros lugares de trabajo, implica en buena medida la adopción de hábitos de consumo energético; simple y sencillamente hay que reflexionar la cantidad de veces que dejamos nuestra computadora conectada a la toma de corriente y en modo “stand by” o el tiempo que la cafetera está encendida y que nadie la utiliza.

Para lograr esta eficiencia, con la reforma energética que se realizó en México hace algunos años, se creó la Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía, el cual es un órgano administrativo desconcentrado de la Secretaría de Energía, y que tiene por objeto promover la eficiencia energética en el país.

Esta comisión estructuró una Guía para Elaborar un Diagnóstico Energético en Inmuebles, la cual nos permite realizar un diagnóstico energético que nos sirve como instrumento para conocer el consumo energético de alguna instalación. Para ello, se requiere realizar una inspección minuciosa de las instalaciones, y un análisis energético detallado de los consumos y la forma en que se usa la energía, para poder determinar el grado de eficiencia en la utilización de la electricidad.

Como resultado del diagnóstico energético, se pueden implementar medidas que permitan alcanzar ahorros significativos en el corto, mediano y largo plazo; sin embargo, realizar este diagnóstico es un proceso elaborado que toma su tiempo y es necesaria la participación de los propietarios del inmueble o de personal de planta física, por lo que realizarlo en nuestros hogares y trabajos, no es un proceso tan viable.

Por esta razón, decidí investigar los “tips” más recomendados que se pueden implementar desde este momento en las oficinas, para todas aquellas personas que decidan ser más proactivas y se comprometan con el ahorro de energía en sus lugares de trabajo.

El portal del Plan Verde de la Secretaría de Medio Ambiente del Distrito Federal, preocupado por el cambio climático, nos proporciona una serie de consejos para ahorrar energía en las oficinas. Algunas de estas recomendaciones son:

–        Apagar la iluminación cuando no se necesite.

–        Mantener abiertas cortinas y persianas durante el día, de esta manera se aprovecha la luz natural para iluminar los espacios de trabajo.

–        Adquirir equipos de cómputo que tengan la función: modo ahorro de energía.

–        En los monitores de las computadoras, configurar el salvapantallas en modo “Black Screen” o pantalla en negro, esto contribuye al ahorro energético frente a cualquier otro salvapantallas con animación.

–        Apagar las impresoras y fotocopiadoras cuando no se estén siendo utilizadas.

–        No utilizar en las cafeteras agua extraída de los enfriadores de agua, ya que se hace un doble gasto de energía, al enfriar y al volver a calentar.

–        Reemplazar las lámparas incandescentes por lámparas ahorradoras.

–        Utilizar el elevador solo cuando tengas que subir o bajar más de 3 pisos. Es más saludable hacer ejercicio.

Recordemos que la excusa de “yo no pago la luz” no es un buen pretexto para dejar de ahorrar electricidad; no se trata de ahorrarles dinero a nuestras empresas, instituciones o jefes apagando las luces, se trata de disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero y tratar de mitigar el calentamiento global, olvidémonos de quien paga la luz en la oficina y hagamos conciencia de que estas pequeñas acciones son por la sustentabilidad de nuestro planeta.

Desaceleración económica y cambio climático. Retos para una economía verde.

Por: Hernán Felipe Trujillo Quintero[1].

La economía mundial mantiene su atención puesta en dos fenómenos que afectan el bienestar de la humanidad: la crisis de deuda pública de los países europeosmy el cambio climático.

Luego de la reunión del G-20 en Ciudad de México, el pasado mes de febrero, y las alertas del Fondo Monetario Internacional (FMI)[2] y el Banco Mundial (BM)[3] sobre las perspectivas económicas de la economía global, es posible advertir que el final de la desaceleración económica de los países de la OCDE, especialmente los que pertenecen a la Comunidad Económica Europea (CEE), está lejos de desaparecer.

Los temores por la diminución de la inversión, el deterioro de la deuda pública como porcentaje del PIB, y el aumento del desempleo estructural son señales poco alentadoras para la recuperación de la confianza de las familias y los inversionistas en el mercado internacional.

El problema de la desaceleración económica en los países europeos, que afecta al resto de países por las redes comerciales que sostiene la CEE en una economía abierta y globalizada, y los desalentadores informes del FMI y el BM, se encuentran en que no hay indicios de una recuperación de la inversión.

Se evidencia un fenómeno de crowdin out, en el que la inversión privada, manifestada en el ahorro privado, se encuentra paralizada por la pérdida de confianza ocasionada por el desafortunado manejo de la política fiscal que desincentiva las inversiones.

Las brechas entre los rendimientos negativos de los bonos de deuda-país de Europa y el riesgo que perciben los inversionistas privados en futuros proyectos, afectan la inversión pública, y a la postre, retardan la recuperación de la economía mundial.

Zenghelis[4], en su informe de política publicado en el mes de abril,  señala que se evidencia un fenómeno definido como la paradoja del ahorro, en el que la tasa de acumulación del sector privado, especialmente del sector financiero, se elevó debido a que disminuyeron los créditos por la incertidumbre en el manejo de la política fiscal.

De esta manera, las fuentes de financiación de nuevos proyectos se encuentra estancada por la falta de crédito –léase inversión- proveniente de la iniciativa privada.

El cambio climático, por su parte, ha dejado de ser una preocupación de académicos, ambientalistas y técnicos de gobierno. Su impacto ya lo siente la economía global. Para el BM, en lo que va corrido del 2012 el precio mundial de los alimentos se ha incrementado en un 8% por cuenta de él.

El impacto no sólo se siente en las economías emergentes y los países con bajos ingresos por el efecto renta que afecta el bienestar de sus habitantes, sino en el desabastecimiento de alimentos en los países que pertenecen al OCDE.

En los últimos 5 años, se acentuaron las temporadas de sequías y lluvias en los países del trópico –países del sur-, lo que desequilibró los servicios ambientales que suministraban los ecosistemas. La atención de desastres por cuenta del cambio climático representa, para los países latinoamericanos, cerca del 3% del PIB.

Aunque los principales emisores de GEI han sido los países desarrollados  -pertenecientes a la OCDE-, los impactos son recibidos por los países del sur –países emergentes y con bajos ingresos- quienes deben destinar presupuesto público en mitigar y adaptar los impactos del cambio climático, en una clara situación de inequidad mundial.

La economía verde intenta conciliar las problemáticas aquí advertidas. El mundo debe volcarse a una economía con baja emisión de carbono, así como debe procurar esfuerzos por incentivar la inversión privada para salir de la desaceleración en la que se encuentra.

Las fallas de mercado y las externalidades, que comúnmente son abordadas en los conflictos entre economía y ambiente, pueden ser superadas si los esfuerzos de la inversión privada mundial se concentran en proyectos que promuevan la eficiencia energética, baja utilización de carbono y menor utilización de recursos naturales, procurando un crecimiento económico basado en la innovación con altos incentivos de retornos en el corto plazo. Estos son procesos de crecimiento endógeno basados en innovación verde.

La inversión en infraestructura, por su parte, desde ser la apuesta de las economías que se encuentran en desaceleración debido a que es un sector nodo que incentiva la actividad económica.

La sinergia público-privada puede significar la recuperación de la confianza de los inversionistas si se concentran en la generación de infraestructura energética basada en fuentes renovables.

Los retornos de la inversión privada se encuentran garantizados por la buena perspectiva de demanda de electricidad mundial, la trayectoria de los precios en el mercado de futuros, y los incentivos que existen en el mercado internacional para invertir en sectores y tecnologías que promuevan la disminución de quema de combustibles fósiles.

La inversión pública en infraestructura energética de fuentes renovables, por su parte, garantiza la seguridad energética de cada país, reduce el desempleo por invertir en un sector que genera empleo en un horizonte de tiempo muy amplio –a diferencia de aquellos empleos que se generan con la extracción de recursos naturales no renovables- reafirma el compromiso de cada país en la reducción de emisión de GEI, y motiva la generación de impuestos para superar los problemas de deuda que actualmente mantienen la desconfianza de los inversionistas privados.

Autores como Zenghelis[5], Acemolgu[6] y Aldy[7] señalan que invertir en proyectos de generación de energía limpia, como una estrategia para superar la desconfianza que impera en el sector financiero europeo, puede sacar a la economía mundial de su actual desaceleración.

Enfocar el crecimiento económico en la generación de energías limpias es transitar hacia una economía verde, hacia un crecimiento sostenible.

Para economías emergentes como las Latinoamericanas, enfocar sus esfuerzos en la recepción de inversión extranjera directa en el sector energético de energías limpias puede reducir la dependencia que actualmente tienen en la extracción de recursos no renovables, puede garantizar un crecimiento económico sostenido en un horizonte de tiempo mucho más amplio, y pueden plantear políticas de mitigación y adaptación del cambio climático de una manera mucho más coherente.

La economía verde exige hacer tránsito de un crecimiento basado en la quema de combustibles fósiles, a un crecimiento basado en procesos intensivos en innovación verde y generación de energía limpia. Sólo así es posible plantear legislaciones coherentes con la mitigación y adaptación al cambio climático.


[1] Economista y abogado. Candidato a MSc. en desarrollo sostenible. Columnista, investigador y consultor. Twitter: @hpipetrujillo

[2] International Monetary Fund. 2012. Restoring Confidence Crucial to Rebuilding World Recovery,

IMF Survey Magazine, [online] 28 January. Disponible en: http://www.imf.org/external/pubs/ft/

survey/so/2012/NEW012812A.htm

[3] World Bank. 2012.  Global economics prospect. Uncertainties and vulnerabilities. Volume 4, [online] January. Disponible en: http://siteresources.worldbank.org/INTPROSPECTS/Resources/3349341322593305595/8287139-1326374900917/GEP_January_2012a_FullReport_FINAL.pdf

[4] Zenghelis, Dimitri. 2012. A strategy for restoring confidence and economic growth through Green investment and innovation. Grantham Research Institute on Climate Change and the Enviroment. [online] April. Disponible en: http://www.businessgreen.com/digital_assets/5209/Growth_through_green_investment.pdf

[5] Ibídem.

[6] Acemoglu, D., Aghion, P., Burszytyn, L., and Hemous, D., 2010. The environment and directed technological change. [pdf] GRASP Working Paper 21, mimeo Harvard. Available at: http://www.economics.harvard.edu/faculty/aghion/files/Environment%20and%20Directed.pdf

[7] Aldy, J., 2012. A preliminary review of the American recovery and clean energy package. Washington D.C. Resources for the Future.