La conservación del capital natural: retos y oportunidades

Por Camilo Ángel Díaz Hernández (ITESM CCM, Ingeniería en Desarrollo Sostenible, 5to. semestre)

A partir de los primeros esfuerzos en torno al desarrollo sostenible, particularmente la publicación del Informe Brundtland en 1986, la cuestión sobre la preservación de los ecosistemas por medio de su manejo racional ha tomado cada vez mayor importancia. La conservación del capital natural implica que los sistemas que proveen servicios ambientales (como alimento, agua, regulación del clima, formación del suelo, ciclos biológicos y servicios culturales) sean mantenidos en buen estado. Esto implica, por un lado, mantener la biodiversidad y, por el otro, hacer que las zonas en las cuales se desarrolla una actividad económica tengan un manejo sostenible que permita que ésta perdure.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) se enfoca en 10 rubros donde es necesaria la inversión en aras de avanzar hacia una Economía Verde. Para ello, plantea 4 aspectos correspondientes al capital natural: agua, agricultura; actividad pesquera; y ecosistemas forestales. ¿Cómo está la situación de los ecosistemas en el mundo? Para esta pregunta podemos tomar el ejemplo de los sistemas forestales, englobando a bosques y selvas, tema estrechamente vinculado a las emisiones de CO2 a la atmósfera (dos terceras partes de estas emisiones corresponden a la actividad humana y el resto a la degradación o destrucción forestal). El árbol contiene carbono en su biomasa. Mientras el carbono se encuentre formando parte de la estructura de un árbol, se considera que está almacenado. Un bosque es un reservorio de carbono, por lo que su destrucción incrementa las emisiones de CO2 a la atmósfera. Por su impacto en la reducción de emisiones de CO2, el manejo de sistemas forestales es fundamental para un desarrollo sostenible.

Para hacer un análisis de esta problemática, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) publica la Evaluación de los recursos forestales mundiales (FRA). Ésta tiene información recopilada y analizada de 233 países y áreas. Para el año 2010, los resultados se presentaron alrededor de 7 ejes: extensión de los recursos forestales; diversidad biológica forestal; salud forestal y vitalidad; funciones productivas de los recursos forestales; funciones de protección de los recursos forestales; funciones socioeconómicas de los bosques; y marco jurídico, normativo e institucional. De su reporte, resalta lo siguiente:

  • El área total de bosque en el mundo es de alrededor de 4 mil millones de hectáreas, un 31% de la superficie total de la Tierra.
  • La deforestación entre 2000 y 2010 fue de 13 millones de hectáreas. Si tomamos en cuenta la reforestación, el balance queda en 5.2 millones de hectáreas por año (aproximadamente la extensión de Costa Rica). Si bien es inferior a la década anterior, cuya pérdida fue de 8.3 millones de hectáreas, la cifra es aún alarmante.
  • 30% de los bosques del mundo se utilizan principalmente para la producción de productos madereros y no madereros.
  • Las extracciones de madera valen alrededor de 100 mil millones de dólares, la mayoría de la madera es para uso industrial.
  • Cerca de 10 millones de personas están empleadas en la ordenación y conservación de los bosques, pero muchas más dependen de ellos para la subsistencia.
  • 80% de los bosques del mundo son propiedad pública, pero la propiedad y ordenación de los bosques a cargo de comunidades, individuos y empresas privadas va en aumento.
  • Más de 1600 millones de hectáreas de bosques tienen un plan de regulación. Sin embargo, esto no es necesariamente bueno si el plan de manejo no es adecuado.

Con base en estos resultados, nos damos cuenta de que hay mucho por hacer para la conservación y manejo de sistemas forestales. En primer lugar, la generación de planes de manejo y explotación sostenibles que permitan a las comunidades que viven cercanas a un bosque vivir de éste sin talarlo por completo. Se requiere también mayor sinergia con los gobiernos, que se traduzca en políticas públicas que apoyen a los ejidatarios y comunitarios que participen en estos programas de manejo. Hace falta también, y eso se enfatiza de manera especial en el informe, mayor cantidad de información sobre los bosques, nuevos indicadores a nivel internacional que permitan un sistema de evaluación más apegado a la realidad. Por último, se requieren programas de educación ambiental que promuevan la concientización y ventajas de la conservación

A modo de cierre, debemos recordar que las ventajas de promover la conservación del capital natural son: la generación de empleos, una mejor administración de los recursos naturales, frenar en lo posible la espiral de pobreza que afecta al sector rural, una mayor justicia social, y una mayor competitividad para los países en vías de desarrollo. Así, la conservación del capital natural se consolida como uno de los ejes más importantes de la Economía Verde.

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