Economía verde y energía

Por Anna Heldorf

Como ya habíamos platicado en este blog, el concepto de economía verde surgió a partir de la necesidad de reconciliar dos imperativos: el imperativo de enfrentarse colectivamente a los crecientes problemas del medio ambiente, y por el otro lado, el imperativo (y lo que muchos países en vías de desarrollo consideran un derecho y una necesidad) de desarrollo económico continuo.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente explica que “el enverdecimiento de las economías no es generalmente un lastre para el crecimiento, sino más bien un nuevo motor de crecimiento; es un generador neto de empleos decentes, y también es una estrategia fundamental para la eliminación de la pobreza persistente”.[1]

Pero ¿cómo entra la energía en este esquema? Como hemos mencionado, el concepto de una economía verde implica tres elementos claves: una economía baja en carbono, un uso eficiente de los recursos y un modelo socialmente inclusivo. La energía, de hecho, forma parte integral de una economía verde, cruzando todos estos ejes.

Quizá la relación entre energía y una economía baja en carbono es la más clara. La nueva generación de energías renovables, limpias, y alternativas, es frecuentemente percibida como la gran solución para mitigar las crisis, económica y de recursos, que enfrentamos. Entre las tecnologías de energía solar, eólica, hídrica, biomasa, biodiesel, etanol, etc., ya existe el conocimiento y la tecnología suficiente para generar las reducciones en emisiones de gases efecto invernadero (GEI) necesarias para acercarnos a las metas establecidas en los varios acuerdos internacionales (especialmente bajo el marco de la Conferencia Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático), regionales y nacionales.

También, la eficiencia energética ha recibido creciente atención como una táctica importante para la reducción de emisiones de GEI. Al igual que el uso de energías renovables, la eficiencia en el uso de los recursos energéticos implica una disminución de otros impactos ambientales muy graves, como daños a los ecosistemas causados por aguas residuales y otros residuos industriales, los riesgos involucrados en las medidas de inspección y perforación en busca de petróleo que son cada vez más peligrosas, etc.

Quizá el elemento de inclusión social parece el menos relacionado con el tema de energía, pero en realidad la energía juega un papel importantísimo en el desarrollo humano. El acceso a formas modernas de energía es uno de los fundamentos del desarrollo humano, social y económico. En reconocimiento a la importancia de la energía para el desarrollo de las personas, las Naciones Unidas declararon el 2012 como el Año Internacional de la Energía Sostenible para Todos y lo ven como una “oportunidad para profundizar la toma de conciencia sobre la importancia de incrementar el acceso sostenible a la energía, la eficiencia energética y la energía renovable en el ámbito local, nacional, regional e internacional”.[2]

Para Naciones Unidas la falta de acceso a energía constituye un obstáculo importante para el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, para reducir la pobreza, mejorar la salud de mujeres y niños, o la ampliación del alcance de la educación.

Varios países comienzan a tomar conciencia de estos retos. Por ejemplo, el programa del gobierno federal de Brasil “Luz para todos” ha proporcionado electricidad a millones de viviendas en áreas aislados, primariamente en la Amazona por media de celdas fotovoltaicas individuales. Este acceso al servicio de electricidad permite una mejor integración de comunidades aisladas, mejores estándares de vida y contribuye a prevenir la exclusión social (Giannini Pereira et al, 2011).

El gobierno mexicano, por su parte, ha tomado pasos importantes para promover el desarrollo de energías renovables y limpias en México, a través de la apertura de la producción de energía al sector privado para algunos fines (incluyendo auto-abastecimiento, co-generación, producción a pequeña escala, exportación etc.). Igualmente, se han implementado esquemas en materia de eficiencia energética, a través de la Secretaría de Energía y su Comisión Nacional para el Uso Eficiente de la Energía. Por ejemplo el programa “Luz Sustentable permite a los ciudadanos intercambiar sus focos incandescentes por lámparas ahorradoras de energía. También, cabe destacar que México es uno de los únicos dos países en vías de desarrollo que tiene una ley sobre cambio climático firmada el pasado 5 de junio del 2012. Sin embargo, es imperativo ampliar estas iniciativas para promover una mayor participación de las energías renovables en la matriz energética del país y la mejora necesaria de eficiencia energética.

Por más información sobre todo lo que tiene que ver con energía en el contexto de economía verde, les invitamos a participar en nuestra iniciativa Cumbre Negocios Verdes, el próximo 19,20 y 21 de septiembre, donde podrán escuchar conferencias sobre temas como tecnologías para la eficiencia energética, reformas energéticas, energías renovables etc.

Referencia:

Giannini Pereira, M., Farias Camacho, C., Vasconcelos Freitas, M.A., & Fidelis da Silva, N. (2011). The renewable energy market in Brazil: Current status and potential. Renewable and Sustainable Energy Reviews, 16, 3786-3802.

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2 comentarios

  1. De los mejores articulos qeu he leido. Muchas gracias por compartir

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  1. Economía verde y energía | Low Cost Living

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